¿Qué es EMDR y cómo puede ayudarte en terapia?
EMDR (Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos Oculares) es un enfoque psicoterapéutico eficaz, basado en evidencia y ampliamente reconocido para tratar experiencias difíciles que siguen influyendo en la vida emocional y en la conducta. Se utiliza especialmente en trauma psicológico, pero también ha demostrado ser útil en ansiedad, depresión, duelos complicados, fobias, autoexigencia desadaptativa, dificultades de apego o síntomas somáticos relacionados con estrés.
¿En qué consiste este abordaje?
EMDR parte de una idea clave: a veces, cuando vivimos situaciones impactantes o altamente estresantes, el cerebro no consigue procesarlas adecuadamente. Es como si ciertos recuerdos quedaran “atascados”, cargados de emoción, sensaciones corporales o creencias negativas sobre uno mismo. Como si esas vivencias quedaran enquistadas, haciéndose bola, sin poder ser desmenuzadas, procesadas o digeridas.
Con EMDR se trabaja para que esas experiencias se integren de forma saludable, dejando así de condicionarte o afectarte a nivel emocional. El objetivo final es poder recordar eventos traumáticos sin activación emocional, del mismo modo que una herida bien curada deja una cicatriz que ya no duele.
¿Cómo funciona?
Durante la sesión, el terapeuta ayuda al paciente a conectar con el recuerdo o la emoción perturbadora mientras se aplica estimulación bilateral (movimientos oculares, sonidos alternos o golpecitos suaves). Esta estimulación facilita que el cerebro reactive su capacidad natural de procesamiento y reorganice la información, reduciendo la carga emocional asociada. Algo parecido sucede durante la fase REM del sueño, donde el cerebro reprocesa la información del día, consiguiendo una integración.
El objetivo no es olvidar lo vivido, sino que deje de doler como antes y pueda recordarse sin activación, de tal modo que deje de interferir o influir en el presente de la persona a través de disparadores.
¿Qué beneficios aporta EMDR al paciente?
1. Disminución del malestar emocional
Los recuerdos dejan de generar ansiedad, miedo o vergüenza. La intensidad emocional se reduce de manera notable y sostenida.
2. Cambios en creencias negativas
Muchas personas pasan de pensamientos como “no valgo”, “fue mi culpa”, “no estoy seguro” a otros más realistas y compasivos consigo mismas.
3. Mejor regulación emocional y corporal
El procesamiento del trauma suele mejorar el sueño, la tensión física, la irritabilidad y síntomas relacionados con el estrés, la angustia o la hipervigilancia.
4. Mayor sensación de control interno
EMDR incluye fases previas de preparación y fortalecimiento de recursos, por lo que el paciente aprende estrategias para sentirse más seguro, estable y capaz de manejar sus emociones.
5. Un enfoque útil para múltiples dificultades
Aunque nació para tratar el estrés postraumático, hoy se considera un abordaje transdiagnóstico, aplicable a cualquier problema en el que emociones intensas o experiencias no procesadas estén manteniendo el malestar.
¿Cómo es una sesión?
El terapeuta guía el proceso en distintas fases: historia clínica, preparación y regulación, identificación de recuerdos o situaciones actuales que activan malestar, reprocesamiento con estimulación bilateral y, finalmente, integración y evaluación del cambio.
Todo el trabajo se lleva a cabo de forma segura, gradual y respetuosa al ritmo del paciente.
¿Por qué elegir EMDR?
Porque es un método avalado científicamente que ayuda a sanar la relación con el pasado para poder vivir el presente con menos condicionamientos y más libertad. Es una forma de terapia profunda y vivencial; es estructurada y segura, orientada a desbloquear lo que quedó “congelado” y permitir que el sistema nervioso y el cerebro vuelvan a funcionar de manera más adaptativa.
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